The Fray - You Found Me (LOST)

jueves, 23 de abril de 2009

Feliz Día del Libro



JUEVES 23 de abril en la Feria del Libro de Córdoba


10’00 H
Encuentros con Autores
Fernando Marías
Lugar: Biblioteca de la Feria

11’30 H
Encuentros con Autores
Fernando Marías
Lugar: Biblioteca de la Feria

13’00 H
Encuentros con Autores
Fernando Marías
Lugar: Biblioteca de la Feria

13’00 H
Presentación de libros
El Alarife Pedro López y las Ordenanzas
del Alarifazgo de Córdoba (XV-XVI)
del autor Jesús Padilla González
Participan: el autor, Jesús Padilla González,
Andrés Ocaña Rabadán, Presidente
de la Gerencia de Urbanismo del
Ayuntamiento de Córdoba
Lugar: Sala Victoria

17’30 H
Fiesta “Día del Libro”
Compañía del Medio Real
Lugar: El Jardín de los Libros

18’00 H
Firma de libros
Manuel Sanchiz Salmoral
Rafael Mir Jordano
Lugar: Caseta de firmas


18’00 H
Presentación de libros
La Fiesta de la Lectura, antología poética
sobre textos de Luis de Góngora
dirigida al alumnado de Educación secundaria
obligatoria
Los placeres de la palabra, antología
poética sobre textos de Luis de Góngora
dirigida al alumnado de Bachillerato.
Correrá a cargo de José Mariscal Campos,
(Diputado- Delegado de Cultura de
la Diputación de Córdoba), María Teresa
Varón García (Directora General de
Innovación Educativa de la Consejería
de Educación de la Junta de Andalucía)
y Joaquín Roses autor de los textos.
Lugar: Sala Victoria.
18’30 H
Taller de Disfraces
Compañía del Medio Real
Lugar: El Jardín de los Libros
18’30 H
Presentación de libros
Una mujer a la que admiro
Autores: Alumnos y alumnas del C. Ferroviario,
C. Espinar y C. Ntra. Sra. de la Piedad
Presenta: Mariló Gómez Algaba
Lugar: Biblioteca de la Feria
19’00 H
Encuentros con Autores
Fernando Delgado, con el libro De una vida
a otra
Lugar: Sala Victoria

19’15 H
Taller de Disfraces
Compañía del Medio Real
Lugar: El Jardín de los Libros
20’00 H
Acto del Día Internacional del Libro
Lectura del Manifiesto en favor de la lectura
de Emilio Lledó por parte Joaquín
Dobladez, Delegado Provincial de Cultura
de la Junta de Andalucía en Córdoba
Lectura de Enrique Baltanás sobre
Antonio Machado
Lectura colectiva de poemas de Antonio
Machado
Organiza: Centro Andaluz de las Letras
Lugar: Sala Victoria

jueves, 16 de abril de 2009

Le Conté al Agua

Le Conté al Agua fue preseleccionado por el jurado del concurso de videopoemas de Cosmopoética, y proyectado en la Filmoteca de Andalucía el pasado 14 de abril. No ganamos ningún premio, aunque sí recibimos una mención especial por la cantidad de votos que recibimos. Lo realizamos entre cuatro compañeros del Taller de Empleo "Córdoba Ciudad de Servicios Culturales y Turísticos": Pilar, Lola, Anabel y yo. A todo el mundo le encantó la poesía de nuestro video, que está compuesta por cuatro poemas de Saúl A. Suane: El Mirador, Se me rompió el dolor dentro, Recuerdo, y Le Conté al Agua. ¡Muchas gracias Saúl!
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Los ganadores seleccionados por el jurado fueron Acromatopsia , de Rafael A. y Alicia G.; Postcard from Córdoba , de Raúl E. y Reina del silencio, emperatriz del olvido , de Mónica C. El premio del público fue para el videopoema de Dolores R., titulado A traición. ¡Enhorabuena!
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Le Conté al Agua:
Reina del Silencio, emperatriz del olvido:

Postcard from Cordoba:


martes, 9 de diciembre de 2008

Navidad

Bueno, escribo este post sólo para poder enlazar esta imagen y ponérmela de avatar... a ver si aprovechando la Navidad escribo un poco más:



Ea, Felices Fiestas a todos!



miércoles, 29 de octubre de 2008

La Gran Roma: Coliseo, Palatino, Foro y Capitolio

5 de septiembre
El tercer día en Roma nos lo tomamos más en serio, uno de esos días en los que tratas de autoengañarte: "venga David, piensa que en unos días estarás en tu casa tumbao y sin este dolor de pies insoportable". Íbamos a empezar a utilizar la Roman Pass viernes, sábado y domingo. Los dos primeros sitios son gratuitos, el resto con descuentos. Lo ideal es ir primero a los dos sitios más caros inlcuidos, sobre todo a la Galería Borghese, que cuesta 14 euros. Nosotros que aún no lo sabíamos la dejamos para otro día, aunque nos costó la mitad.

Primero fuimos al Coliseo. Esta entrada es válida también para el Palatino y el Foro Romano. El Anfiteatro Flavio (75-80 d.C.), conocido como Coliseo por la estatua de 30 metros de Nerón, el Coloso, situada junto al edificio. Tenía una capacidad para unos 70 mil espectadores, 10 mil menos que el Santiago Bernabéu). Aunque lo que se vea no sea mas que el esqueleto, sigue siendo un edificio impresionante, por ser el símbolo de una ciudad, por lo que has estudiado, por Gladiator, y por lo que tu imaginación te pueda permitir. Llegamos a las 10 de la mañana, pero entre hacer cola y esperar nuestra visita guiada en español, empezamos a las 11. La guía tampoco es que me dijera mucho que no supiera, pero sí me recordó anécdotas de las clases de Hisoria o Arqueología que había olvidado, así que es recomendable. Es una visita de media hora, tan sólo hace tres paradas distintas, y después puedes continuar la visita por tu cuenta, haciendo las fotos que quieras; nosotros estuvimos 1 hora más. En la parte alta hay una pequeña muestra con capiteles, eculturas y una maqueta del Arco de Trajano. Desde el Coliseo hay unas bonitas vistas, entre ellas se ven las ruinas de la Escuela de gladiadores. Hay galdiadores junto al Coliseo, para hacerte fotos con ellos, pagéndoles claro. La guía nos comentó que al Paltino y Foro mejor no ir después, porque hacía muchísima calor, que fuéramos a partir de las 6, pero ese día no parecía que fuera a hacer tanta calor...





Junto al Coliseo está el Arco de Constantino (312 d.C.), el más moderno y construido con materiales de otros Arcos anteriores (el de Trajano y Marco Aurelio). Después de comer un trozo de pizza en uno de los puestos, y comprar agua ( 1 euro a un muchacho que las llevaba bien frías en la mochila), entramos al recinto arqueológico del Palatino, la más céntrica colina, y el origen de Roma. Cuenta la mitología que en este lugar fueron encontrados Rómulo y Remo, en la cueva del Lupercal, donde la loba los amamantó, y donde después la leyenda nos dice que trazaron el surco de su nueva ciudad cuadrada; y las excavaciones han demostrado que este lugar ha sido habitado desde el año 1000 a.C. Esta colina fue la elegida por las grandes familias para construir sus palacios residenciales. Quizás dedicamos demasiado tiempo a "no ver nada" en este lugar, porque los romanos, los de ahora, no tienen la costumbre de indicar al menos con un pequeño panel qué es cada ruina. Y llevábamos tan sólo nuestro libro-guía, pero muchas cosas se nos escapaban, y era verdad que hacía un caloro horroroso en esa colina, un extenso campo con poca sombra.




Lo que hay: ruinas de palacios imperiales, el estadio de Domiciano, las termas de Septimio Severo, la Domus Augustana... En lo alto se encuentra el Museo Palatino, no es gran cosa pero atesora materiales arqueológicos de la colina, decoración funeraria o reproducciones de las cabañas de la época de Rómulo. Por último, está la llamada Casa de Livia (según otros de Augusto). Para acceder a este recinto se forma una gran cola, porque el acceso está controlado, hay que esperar a que vuelva un grupo para entrar otro. No hay mucho que ver, pero en algunas estancias se conservan los frescos.




Desde las 13,15 hasta las 15,00 estuvimos pasando calor en el Palatino. Al final hay unas buenas vistas del Foro, que está bajo la colina. Pasamos primero por el Arco de Tito (alrededor del año 82), el menos espectacular, porque los relieves están en la parte interna del arco, y rememoran sobre todo las victorias contra los judíos.


Después atravesamos el Foro, un viaje en el tiempo impresionante, lástima que estábamos ya muy cansados y no dedicamos mucho tiempo. Lo que mejor se conserva es el templo de Antonino y Faustina. EL emperador ordenó su construcción tras la muerte de su esposa, hacia el año 141, fue consagrado al matrimonio tras la muerte del emperador y en el siglo XI se transformó en Iglesia de San Lorenzo de Miranda, la razón de su existencia. Además se conservan restos de otros templos y edificios públicos: bien conservado está el templo de Rómulo (dedicado posiblemente a los Penates, dioses protectores del hogar), donde se mantiene la puerta de bronce original; las tres columnas del templo de Cástor y Pólux; siete columnas con el frontón, del templo de Saturno, cuyos cimientos son los más antiguos, de época monárquica, aunque los restos son posteriores; restos del templo circular de Vesta; restos del templo de Venus y Roma; tres columnas del templo de Vespasiano; el templo de la Concordia (entre patricios y plebeyos); el tabulario o archivo; la rostra o tribuna para los oradores; los restos de las basílicas Julia, Emilia y de Majencio; la Curia; la casa de las Vestales, con un gran atrio... Por último, la Columna de Focas, erigida delante de los Rostra y dedicada al emperador bizantino Focas, fue la última adición hecha al Foro Romano.




Del Foro salimos por el Arco de Septimio Severo, más antiguo. Unas escaleras te llevan a la colina Capitolia, el Campidoglio, el lugar sagrado dedicado a los dioses de Roma, donde se encontraba el importante templo de Júpiter Capitolino. La plaza es espectacular, fue diseñada por Miguel Ángel a excepción del Palacio Senatorio (sede del Ayuntamiento), de espaldas al Foro, que se construyó en el siglo XIII sobre las ruinas del Tabularium o Archivo. Su fachada está decorada por una fuente con tres estatuas: Roma triunfadora entre los ríos Tíber y Nilo. A los lados de la plaza, el Palacio Nuevo y el Palacio de los Conservadores, donde residen los Museos Capitolinos; al otro lado, una enorme escalera presidida por las estatuas romanas de los Dioscuros (Cástor y Pólux) defensores de la Roma Republicana. En el centro se levanta una copia de la estatua ecuestre del emperador Marco Aurelio (la original está en los museos), la única de estas características conservada gracias a que lo confundieron con el emperador cristiano Constantino.




Junto a esta plaza, pero subiendo por otras largas escaleras está la Basílica de Santa María en Aracoeli, levantada en el punto más alto del Capitolio, considerada iglesia nacional de la nobleza y el pueblo de Roma. A esta iglesia no llegamos a entrar, eran muchas escalones... Y junto a esta, la mole del monumento a Vittorio Emmanuel. La entrada a los Museos Capitolinos la dejamos para después de comer, y nos fuimos a ver otra parte próxima al ghetto judío. Pasamos por la Plaza Mattei, muy pequeña con la Fuente de las Tortugas, de 1589, formada por cuatro efebos y cuatro delfines, y unas tortugas añadidas más tarde posiblemente por Bernini, pero optaron por sustituirlas por copias después de que robaran algunas. Comimos en el ghetto, en unos pequeños bares donde exponen la comida que tienen y tú les pides: porciones de pizza, bolas de arroz y mozzarella, pasta...




Muy cerca está las ruinas del Pórtico de Octavia, hermana de Augusto, donde estaban los temlos de Júpiter y Juno, además de una biblioteca que Octavia dedicó a su hijo Marcelo. Desde la Edad Media se situó aquí el mercado de pescado, por eso la iglesia de al lado recibe el nombre de Sant'Angelo in Pescheria. Y el gran edificio que lleva el nombre de su hijo es el teatro de Marcelo, justo al lado, dedicado al joven que murió con 20 años, por su tío Augusto. Es el único teatro antiguo que permanece levantado en Roma aún, y sirvió de modelo para construir el Coliseo. Se distinguen dos órdenes, dórico y jónico, y sobre él se construyó en el siglo XVI el castillo de los Orsini.




Después volvimos al Campidoglio para entrar en los Museos Capitolinos, la colección pública más antigua del mundo. Ocupan los dos palacios laterales de la plaza, unidos en el subsuelo, y desde el año 2000 el antiguo Tabularium, con vistas al Foro. Entre lo que se puede ver en este museo, destaca la gran estatua ecuestre de bronce de Marco Aurelio, los restos conservados in situ del templo de Júpiter Capitolino, el gálata moribundo, el conjunto de la Loba Capitolina amamantando a Rómulo y Remo, la Venus Esquilina... eso sí, o te compras la guía o haces memoria si ya lo conocías, porque es raro ver aunque sea un triste cartelito.



Ese día acabamos muertos muertos, pero fuimos valientes y después de ducharnos en el hotel, salimos por el barrio de San Lorenzo, el de los estudiantes de allí. Está muy bien, hay muchos pubs y trattorias, bastante llenas de gente joven y sin turistas. Nos tomamos unas cervezas San Miguel en una terraza en un parque, y luego a cenar. Al final elegimos un poco mal, encontramos una mesa en una terraza, pero no era Trattoria, sino Vinosteria, un poco pijo todo, con sus manteles y servilletas de tela... Nada más llegar nos preguntan que si el agua mineral la queremos con gas o sin gas... sin darte opción a decir que no quieres agua... al final la botella era 2 euros, en la carta ponía que era mineral embotellada, pero Juan vio cómo llenaban una botella de cristal del grifo... Luego la carta de bebidas era carta de vinos, le pregunto que si tiene cerveza, y me pasa a la página donde vienen las botellas de cerveza, de Bélgica, de Francia, la más barata 14 euros (una botella de 66 cl.), y esa pedimos. Los platos eran caros, pero la verdad que estaban muy bien elaborados, no recuerdo ya bien, pero creo que fueron unos ravioli con pesto al basilisco y otro plato de pasta más, pero riquísimos. Al final, tuvimos suerte, porque se les olvidó cobrarnos la botella de cerveza, ¡14 euros que nos ahorramos!

viernes, 24 de octubre de 2008

SEGUNDO DÍA, PLAZAS Y TEMPLOS

4 de septiembre
Día 2. Cuando sabes que te quedan 7 días de vacaciones los primeros te los tomas con más calma, así que tampoco madrugamos mucho. En Termini hay una oficina de Turismo donde decidimos sacarnos la Roman Pass: son 20 euros, es válida para tres días y te da derecho a acceder gratis a los dos primeros sitios que visites, y descuentos de hasta el 50% en el resto, además de una tarjeta para utilizar gratis el transporte esos días, y un mapa de la ciudad.. No he calculado cuánto merece la pena, pero si no eres estudiante europeo menor de 25 años o persona mayor de 60, es aconsejable.

Con las averiguaciones pensamos que era tarde para empezar a utilizar la Roman Pass, así que la guardamos para usarla viernes, sábado y domingo (los lunes cierran muchas cosas, así que hay que tenerlo en cuenta). Los primeros días sólo usamos el metro. Una vez que usamos la Roman Pass, nos montamos en más autobuses, y fue cuando nos dimos cuenta de que nadie validaba su billete. Los billetes de metro y bus cuestan 1 euro, y no se pueden pagar a bordo... en el metro hay que usar forzosamente el billete, en el bus nos dimos cuenta de que nadie lo hacía...en definitiva, el bus en Roma sí es gratis.

Cogimos el metro en Termini. Aquí paran las dos líneas que hay en la ciudad, la A (azul) y la B (roja). Está bastante bien para ir a San Pedro, Plaza del Popolo, Plaza de España, Fontana de Trevi, Coliseo, Circo Máximo o San Pablo.

Y ya eran casi las 12,00 cuando nos bajamos en la parada de la Plaza Flaminia, junto a la del Popolo. Justo cuando fuimos estaban rodando...no sé si escena de película o de serie... la plaza estaba acordonada y dentro dos furgonetas pintadas rollo hippie, un montón de pancartas, globos, símbolos de la paz... en la escena varios polis arrastraban a una manifestante mientras esta chillaba.




video



El obelisco Flaminio fue erigido originalmente en el Templo de Heliópolis por Ramses II, y es uno de los dos que trajo a Roma Augusto. En el año 10 d.C., el obelisco fue erigido en la "spina" del Circo Máximo, hasta que el Papa Sixto V, en 1.589, lo situó como la pieza central de la Plaza del Popolo, lugar en donde se encuentra la puerta norte de la antigua Roma.


Subimos a lo alto de la plaza, desde donde se ven el obelisco y las iglesias gemelas, y una vista panorámica de Roma, las muchas cúpulas, monumentos... Arriba llegas agotado, y hay un puesto ambulante donde el agua pequeña son 2 euros, como en casi todos. Pero encuentras a gente que las vende por 1 euro, incluso en las tiendas pequeñas de barrio, la botella grande cuesta menos de 1 euro. Hasta el cuarto día no descubrimos que el agua de las fuentes de Roma, que hay muchas, está muy buena y fresca.

Aquí arriba, en la villa Mattei o Celimontana, está la plaza de Bucarest, con otro obelisco (y ya sólo faltan 10 de los que hay en Roma, contando los modernos). Se trata del llamado obelisco aureliano, por haberse encontrado cerca de la muralla aureliana, pero en realidad fue eregido por el emperador Adriano en el funeral de su favorito Antinoo, descubierto en el siglo XVI cerca de la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, y traído a esta colina en 1822 por orden del Papa Pío VII.


Próximo destino, la Plaza de España, ese lugar tan acogedor, con su escalinata repleta de flores, la gente sentada comiendo helado, la fuente de Bernini abajo y la Iglesia arriba... Pues más o menos, porque flores no había ninguna, yo pensaba que eso estaba todo el año así. Y la Iglesia, de la Trinidad del Monte, yo en las fotos la veía marrón, y no, es blanca. Un poco decepcionante si esperas una maravilla de lugar. Y otro obelisco arriba, también de la época de Adriano, pero conocido como obelisco salustiano. Se trajo de Egipto sin grabar los textos, así que los escribas romanos copiaron los que tenía el obelisco de la Plaza del Popolo. El Papa Pío VI en 1789 lo mandó colocar en este lugar.

Ya era hora de comer, y no veíamos una trattoria que nos gustase, bueno, ni siquiera una que no nos gustase. Y sin darnos cuenta estábamos en la Plaza del Panteón, con obelisco incluido (quinto), y el edificio mejor conservado de la Antigüedad, una pasada verlo por fuera, y más cuando estás dentro. Antes de entrar en casi el único monumento gratuito, nos sentamos a comer en la misma plaza, conocedores del precio de tan osado acto. Las pizzas eran 11 euros, no eran las mejores que hemos comido en Italia, pero sí las más caras, y las bebidas elevaron la cuenta más de la cuenta (bueno, así lo dejo).

La visita del Panteón es uno de los momentos más satisfactorios del viaje, un gigante antiguo que no está viejo, gracias esta vez sí a la intercesión divina. Dicen que una esfera del diámetro de la cúpula cogería entera en el templo.

Este obelisco se conoce como del Panteón o de la Rotonda (nombre de la plaza). Originalmente se encontraba en el exterior del templo del Sol, en Heliópolis. Fue Clemente XI en 1711 quien lo colocó junto al Panteón.

Siguiente destino, la Plaza Navona. Y para llegar simplemente seguir a los turistas, no está muy lejos. Pasas por unas pocas de iglesias y llegas al espacio que albergó el estadio de Domiciano, ahora transformado en una de las plazas barrocas más bellas. En el centro el sexto obelisco, justo encima de la Fuente de los Cuatro Ríos (Danubio, Nilo, Ganges y Río de la Plata) que estaba en obras. A los dos lados de la plaza otras dos fuentes, la de Neptuno y la del Moro.

La construcción del obelisco se debe a Domiciano, se encontró fragmentado, e Inocencio X le encargó la restauración a Bernini, para erigirlo en la Plaza Navona, en 1651.

Serían las 4 de la tarde y el calor era horroroso y estábamos muy cansados. Así que al ver un pub irlandés, aunque fuera hora de café, nos tomamos dos cervezas bien frías y bien grandes. Tras el descanso pasamos por el Área Sacra, una excavación reciente donde se agrupaban varios templos, aparecimos en la Plaza Venecia y aprovechamos para visitar el otro gran monumento gratuito, el de Vittorio Emmanuel y Altar de la Patria. Es recomendable ver el museo, para aquellos que les guste la política o la historia, y sobre todo contemplar las vistas desde arriba, donde hay incluso una cafetería. Se puede seguir subiendo más arriba en ascensor, pero pagando.
Habíamos visto la Fontana de Trevi de noche, así que nos acercamos para verla de día, igual de impresionante, y a todas horas llena de espectadores. Estuvimos un buen rato, allí sentados, es un sitio al que se acerca todo tipo de personas, fotógrafos, modelos, novios... estás distraído. Mientras hacíamos tiempo para cenar en el McDonald de la Fontana (después de la clavada del Panteón, tocaba hambueguesa), en la Via del Corso paramos en otro pub irlandés, el Trinity College, y luego vimos la columna Aureliana, allí mismo, que habíamos avistado aquella tarde desde lo alto del Vittorino. Cenamos, y como no conocíamos aún el servicio de autobuses, andando hasta el hotel, pasando de nuevo por la Plaza Venecia, Foros Imperiales, Coliseo... qué camino más largo y qué dolor de pies.




lunes, 20 de octubre de 2008

Llegada a Roma

3 de septiembre
Día 1. A las 12,30 volamos a Roma-Fiumicino desde Madrid, con Alitalia. En el avión repartieron un sándwich y bebida, así que fue llegar, recoger la maleta y salir para la estación de tren del aeropuerto, desde donde salen los Leonardo Express cada 30 minutos. Ya en el aeropuerto hacía un bochorno horrible, muchísima humedad... luego nos dijeron que ni en agosto habían pasado tanto calor en Roma.

El tren la verdad que no hace una buena bienvenida a los turistas, es sucio, viejo y huele mal, un anticipo de lo que verás en algunas zonas de Roma.

A los 40 minutos llega a la estación de Termini, en pleno centro de Roma. Nosotros pasábamos cuatro noches en un “hotel”, y las tres siguientes en otro, ambos muy cerca de Termini. En realidad eran como apartamentos adaptados como hotel: en el primero, cuatro habitaciones con su baño cada una, con pequeña recepción y cocina comunes, con desayuno incluido; en el segundo, igual pero solo dos habitaciones.

Tras soltar la maleta y ducharnos, a las 18,30 lo primero que quisimos hacer fue ir en busca del Coliseo y creernos entonces que estábamos en Roma. A lo lejos ves una gran mole, y ya no la pierdes de vista, sorprendiéndote más a cada paso que das. Las primeras postales que compramos ya cayeron en este camino. Lo vimos de día, y nos sentamos en una terraza para tomar una cerveza mientras lo contemplábamos...y nos anocheció y lo vimos también iluminado. Lo rodeamos, es inmenso, y nos acercamos al Arco de Constantino, para seguir alucinando.



Después de muchas fotos, nuestro siguiente destino era la Fontana de Trevi, todo andando, aún no nos habíamos hecho al metro ni al bus, y nuestros pies no estaban destrozados. Nos alejamos del Coliseo por la Via de los Foros Imperiales, un camino incómodo, porque no te puedes resistir a mirar hacia detrás para ver la fachada del Coliseo una vez más. Pasamos por los foros de César, Augusto, la Columna Trajana... hasta llegar a la Plaza Venecia, donde está el Monumento a Vittorio Emmanuel o Vittorino, con el Altar de la Patria, ya iluminado. Es verdad que el edificio es una obra de arte, descomunal, pero está puesto con muy malas ideas en una de las zonas arqueológicamente más sagradas. Es como si en el siglo XX se hubiera querido ensombrecer a todos los foros anteriores creando este Monumento.

La Vía del Corso es de las más grandes y con mayor número de tiendas. A la derecha tomamos la Via delle Muratte, una calle atestada de puestos ambulantes con postales y demás, nos llevó directos a... al McDonald, donde paramos para comer, porque aún no sabíamos dónde era aconsejable. A unos pasos se empieza a escuchar mucho jaleo, pero por mucha gente que haya, de fondo escuchas algo maravilloso, el agua de la Fontana de Trevi. Tampoco es que este monumento estuviese entre mis preferidos, aunque el cine ha hecho mucho, y cuando estás allí ves unas estatuas colosales, una obra de arte impresionante. Y sí, eché mi moneda, de 2 céntimos que hace el mismo efecto, para volver alguna vez a Roma.

Para terminar, nos fuimos de vuelta al hotel, andando para toparnos con más cosas... la plaza Barberini, con la fuente del Tritón de Bernini, la basílica de Santa Maria la Mayor, donde se encuentra uno de los obeliscos. Este de la plaza del Esquilino, fue construido en Egipto y llevado a Roma probablemente en el reino de Domiciano. Se desconoce quien trasladó el obelisco a Roma, pero se considera una imitación de los antiguos obeliscos egipcios. Fue encontrado entre las ruinas del Mausoleo de Augusto, detrás de la Iglesia San Rocco, en el siglo XVI. El Papa Sixto V le encargó a Doménico Fontana su levantamiento cerca de la Gran Basílica del Esquilino en 1587.

jueves, 16 de octubre de 2008

VACACIONES EN ROMA


¡Sueño cumplido! Visitar la ciudad de los romanos era una de esas cosas que tenía en mi lista de “Must-do’s”. En un principio pensamos organizar un viaje por Mérida, Cáceres, Oporto, Coimbra y Lisboa; después pensamos en Edimburgo, en Londres... finalmente decidimos pasar cuatro noches en Roma y tres en Venecia. Una vez reservado, nos dimos cuenta de que eran pocas noches en Roma, porque un día queríamos visitar Pompeya... Al final pasamos siete noches en Roma, y una última en el aeropuerto de Bérgamo (Milán), donde empiezan las estribaciones de los Alpes.

Y mereció la pena. De tanto estudiar en la Facultad todo lo que tenía que ver con Roma, su historia, arte, urbanismo, no me sentía extraño, estaba recreando de verdad todo lo que conocía. Lo mejor, cuando caminando empiezas a adivinar el Coliseo a lo lejos, cuando lo ves de cerca, por dentro, y cuando te alejas por la Via de los Foros Imperiales, volviendo la cabeza constantemente porque no puedes dejarlo atrás, apartar tu contemplación. Una gran sensación es atravesar el Foro Romano, entrar en el Panteón, moverte por las ruinas de Pompeya, y lo que más me gustó, una escultura: no era mi favorita cuando estudiaba arte, pero ver El Rapto de Proserpina de Bernini en la Galería Borghese, cómo las manos de Plutón agarran el muslo de la diosa, y cómo ella tensa el rostro de él con la mano... quedé alucinado.

Lo peor de Roma es la ciudad. Como museo vivo es una pasada, pero como ciudad actual deja mucho que desear en limpieza y modernidad. Y el tráfico es un caos, un desafío cruzar los pasos de peatones, parando a cada momento para que pasen los coches... pero eso es una nimiedad...