Ea, Felices Fiestas a todos!

Lo que hay: ruinas de palacios imperiales, el estadio de Domiciano, las termas de Septimio Severo, la Domus Augustana... En lo alto se encuentra el Museo Palatino, no es gran cosa pero atesora materiales arqueológicos de la colina, decoración funeraria o reproducciones de las cabañas de la época de Rómulo. Por último, está la llamada Casa de Livia (según otros de Augusto). Para acceder a este recinto se forma una gran cola, porque el acceso está controlado, hay que esperar a que vuelva un grupo para entrar otro. No hay mucho que ver, pero en algunas estancias se conservan los frescos.
Desde las 13,15 hasta las 15,00 estuvimos pasando calor en el Palatino. Al final hay unas buenas vistas del Foro, que está bajo la colina. Pasamos primero por el Arco de Tito (alrededor del año 82), el menos espectacular, porque los relieves están en la parte interna del arco, y rememoran sobre todo las victorias contra los judíos.
Después atravesamos el Foro, un viaje en el tiempo impresionante, lástima que estábamos ya muy cansados y no dedicamos mucho tiempo. Lo que mejor se conserva es el templo de Antonino y Faustina. EL emperador ordenó su construcción tras la muerte de su esposa, hacia el año 141, fue consagrado al matrimonio tras la muerte del emperador y en el siglo XI se transformó en Iglesia de San Lorenzo de Miranda, la razón de su existencia. Además se conservan restos de otros templos y edificios públicos: bien conservado está el templo de Rómulo (dedicado posiblemente a los Penates, dioses protectores del hogar), donde se mantiene la puerta de bronce original; las tres columnas del templo de Cástor y Pólux; siete columnas con el frontón, del templo de Saturno, cuyos cimientos son los más antiguos, de época monárquica, aunque los restos son posteriores; restos del templo circular de Vesta; restos del templo de Venus y Roma; tres columnas del templo de Vespasiano; el templo de la Concordia (entre patricios y plebeyos); el tabulario o archivo; la rostra o tribuna para los oradores; los restos de las basílicas Julia, Emilia y de Majencio; la Curia; la casa de las Vestales, con un gran atrio... Por último, la Columna de Focas, erigida delante de los Rostra y dedicada al emperador bizantino Focas, fue la última adición hecha al Foro Romano.
Del Foro salimos por el Arco de Septimio Severo, más antiguo. Unas escaleras te llevan a la colina Capitolia, el Campidoglio, el lugar sagrado dedicado a los dioses de Roma, donde se encontraba el importante templo de Júpiter Capitolino. La plaza es espectacular, fue diseñada por Miguel Ángel a excepción del Palacio Senatorio (sede del Ayuntamiento), de espaldas al Foro, que se construyó en el siglo XIII sobre las ruinas del Tabularium o Archivo. Su fachada está decorada por una fuente con tres estatuas: Roma triunfadora entre los ríos Tíber y Nilo. A los lados de la plaza, el Palacio Nuevo y el Palacio de los Conservadores, donde residen los Museos Capitolinos; al otro lado, una enorme escalera presidida por las estatuas romanas de los Dioscuros (Cástor y Pólux) defensores de la Roma Republicana. En el centro se levanta una copia de la estatua ecuestre del emperador Marco Aurelio (la original está en los museos), la única de estas características conservada gracias a que lo confundieron con el emperador cristiano Constantino.
Junto a esta plaza, pero subiendo por otras largas escaleras está la Basílica de Santa María en Aracoeli, levantada en el punto más alto del Capitolio, considerada iglesia nacional de la nobleza y el pueblo de Roma. A esta iglesia no llegamos a entrar, eran muchas escalones... Y junto a esta, la mole del monumento a Vittorio Emmanuel. La entrada a los Museos Capitolinos la dejamos para después de comer, y nos fuimos a ver otra parte próxima al ghetto judío. Pasamos por la Plaza Mattei, muy pequeña con la Fuente de las Tortugas, de 1589, formada por cuatro efebos y cuatro delfines, y unas tortugas añadidas más tarde posiblemente por Bernini, pero optaron por sustituirlas por copias después de que robaran algunas. Comimos en el ghetto, en unos pequeños bares donde exponen la comida que tienen y tú les pides: porciones de pizza, bolas de arroz y mozzarella, pasta...
Muy cerca está las ruinas del Pórtico de Octavia, hermana de Augusto, donde estaban los temlos de Júpiter y Juno, además de una biblioteca que Octavia dedicó a su hijo Marcelo. Desde la Edad Media se situó aquí el mercado de pescado, por eso la iglesia de al lado recibe el nombre de Sant'Angelo in Pescheria. Y el gran edificio que lleva el nombre de su hijo es el teatro de Marcelo, justo al lado, dedicado al joven que murió con 20 años, por su tío Augusto. Es el único teatro antiguo que permanece levantado en Roma aún, y sirvió de modelo para construir el Coliseo. Se distinguen dos órdenes, dórico y jónico, y sobre él se construyó en el siglo XVI el castillo de los Orsini.
Después volvimos al Campidoglio para entrar en los Museos Capitolinos, la colección pública más antigua del mundo. Ocupan los dos palacios laterales de la plaza, unidos en el subsuelo, y desde el año 2000 el antiguo Tabularium, con vistas al Foro. Entre lo que se puede ver en este museo, destaca la gran estatua ecuestre de bronce de Marco Aurelio, los restos conservados in situ del templo de Júpiter Capitolino, el gálata moribundo, el conjunto de la Loba Capitolina amamantando a Rómulo y Remo, la Venus Esquilina... eso sí, o te compras la guía o haces memoria si ya lo conocías, porque es raro ver aunque sea un triste cartelito.
Ese día acabamos muertos muertos, pero fuimos valientes y después de ducharnos en el hotel, salimos por el barrio de San Lorenzo, el de los estudiantes de allí. Está muy bien, hay muchos pubs y trattorias, bastante llenas de gente joven y sin turistas. Nos tomamos unas cervezas San Miguel en una terraza en un parque, y luego a cenar. Al final elegimos un poco mal, encontramos una mesa en una terraza, pero no era Trattoria, sino Vinosteria, un poco pijo todo, con sus manteles y servilletas de tela... Nada más llegar nos preguntan que si el agua mineral la queremos con gas o sin gas... sin darte opción a decir que no quieres agua... al final la botella era 2 euros, en la carta ponía que era mineral embotellada, pero Juan vio cómo llenaban una botella de cristal del grifo... Luego la carta de bebidas era carta de vinos, le pregunto que si tiene cerveza, y me pasa a la página donde vienen las botellas de cerveza, de Bélgica, de Francia, la más barata 14 euros (una botella de 66 cl.), y esa pedimos. Los platos eran caros, pero la verdad que estaban muy bien elaborados, no recuerdo ya bien, pero creo que fueron unos ravioli con pesto al basilisco y otro plato de pasta más, pero riquísimos. Al final, tuvimos suerte, porque se les olvidó cobrarnos la botella de cerveza, ¡14 euros que nos ahorramos!
Cuanto más especial es un ser, su destino se encamina más hacia una inevitable soledad. Él no es humano, pero su creador le inculcó los valores de los que los seres humanos nos apropiamos: tal vez por eso sea un artista, o tal vez porque es un artista, tiene esos buenos sentimientos.
Pero la naturaleza de sus manos es caprichosa. Su creador, murió antes de terminar su bella creación, empujando a su ser al escondite forzoso de lo diferente. Él no tiene manos humanas, Edward tiene tijeras. Con esta parte de sí mismo que lo diferencia de los otros, o que lo convierte a él en lo otro, con estas tijeras, Edward es capaz de crear arte, de sorprender, de ilusionar... pero son estas tijeras también con las que hace daño, con las que corta. Él, en su mundo solitario, no sabía que podía herir a los demás, sólo sabía que él podía autolastimarse.